¿Nos vendemos… o nos regalamos?

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Se piensa a veces que el arte “regalao” es el más bonito de brindar. Cuando te cambio un baile por un abrazo o un cante por un beso, por ejemplo.

Pero ¿qué ocurre cuando tienes que dejar de “regalar” tu arte porque tienes que vivir de él?

Corren malos tiempos para lo legal, lo justo y el respeto… y buenos tiempos para la desfachatez.

Los artistas dedicados al arte toda la vida tienen que excusar su sueldo micrófono en mano, debido a cuatro empresarios de pacotilla que lo único que hacen es abusar y hacerlo, además, desde la ignorancia más profunda.

Los grupos “aficionaos” (como es nuestro caso), no tienen derecho muchas veces ni a una mísera aceituna.

A los “grandes” les cuesta cerrar conciertos en Alicante, y sin embargo Benidorm está lleno de “actuaciones folclóricas” y llenan terrazas y garitos todas las noches.

La nueva escuela se forma entendiendo que se puede hacer cualquier cosa, que te pones una flor y vas lista.

Digamos NO a todo esto, por favor.

El artista tiene que brillar desde el respeto al Flamenco y la pasión por lo que hace.

El empresario tiene que cumplir con el artista y satisfacer a los clientes.

El público… el público tiene que sentir, aplaudir, jalear, pagar… y, sobre todo, tiene derecho a criticar.

 

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