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…Hace un verano, alrededor de una ensalada, una pizza requemada y una botella de buen vino, nos reencontramos con unos vídeos de un «laboratorio Flamenco» que hicimos hace un par de años atrás. El taller fue impartido por la bailaora Pilar Andújar. El visionado de esos vídeos, a pesar de haber pasado meses, nos emocionó. Recordamos esa experiencia con lágrimas, risas y una buena charla entre tres amigas flamencas. Hablamos de la vida…, de Danza, de Cultura, en fin, de nuestras cosas. Tertulias que son alimentos para el alma.

Ahora, en estos momentos difíciles que estamos viviendo, estamos recuperando ese tiempo que no solemos tener en nuestra vida cotidiana, para dedicarnos tiempo a la meditación personal y a la búsqueda de esos espacios dónde una se encuentra feliz…

Revisando nuestra vieja libreta de apuntes flamencos, encontré un texto que, aunque escrito hace años, es ahora cuándo cobra todo su sentido.

Partiendo de la premisa de que somos unas flamencas inquietas y atrevidas, cuándo se nos planteó la posibilidad de participar en un «laboratorio flamenco» , no lo dudamos ni un segundo.

El tema imponía por lo novedoso que era este tipo de talleres en Alicante, aunque viniendo de Pilar, nos lanzamos a probar con los ojos cerrados, nunca mejor dicho.

El grupo de participantes era variado y en sí mismo singular. Desde las que nunca habían bailado flamenco, a las ya iniciadas en ese arte. Y…¡Hasta una californiana flamenca!. Eso sí, todas mujeres valientes con ganas de experimentar y con ganas de dejarse llevar en una experiencia única y diferente a lo cotidiano en este mundo del Flamenco.

La sensación desde el principio fue la de fluir. La de olvidarnos de aprender una serie de pasos o una coreo complicada, para centrarnos en sacar de dentro movimientos flamencos o no. Olvidarnos de memorizar, para ponernos delante del espejo para sentir al compás de Las Migas o Miguel Campello.

Por supuesto, la técnica es más que necesaria, pero para este taller, Pilar nos aconsejó «bailar». Reflejar la pasión que sentimos por el Flamenco mediante gestos propios e improvisados, aplicando la técnica previamente ensayada en el inicio del taller. Además de la adquirida durante estos años de aprendizaje.

Pilar nos invitó a dejarnos llevar. A hacer nuestra propia música con objetos ordinarios traídos de casa y bailar al compás de esta música improvisada por el grupo. Bailarle al mantón con los ojos tapados con una venda, en definitiva…¡Sentir!.

La experiencia fue reveladora. El encuentro con compañeras más o menos conocidas nos mostró la individualidad de cada una en su baile. Hablar sin emitir palabras. Encontrarte a través del oído notando su presencia a través del tacto. Bailar con todo nuestro cuerpo, cintura, torso. Todo en su conjunto muestra nuestra personalidad en el baile. Sin copia y pega, simplemente sacando lo propio.

Aprendimos a jalear con arte. A salir al corro por bulerías apartando la vergüenza. Hubieron lágrimas de emoción por los reencuentros, risas. Instrumentos locos fabricados por nosotras mismas. Hubo unión y Danza en el sentido más amplio de la palabra. Al fin y al cabo…¡Amor!…¡Mucho Amor!.

Desde Tierra y Tacón…Agradecerle a Pilar Andújar por sus ocurrencias y por contar siempre con nosotras. Y a todas las compañeras que nos acompañaron y nos acompañan en cada una de nuestras andanzas.

¡SALUD Y FLAMENCO!

 

 

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