La salud del flamenco

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Hace algunos años se temía por ella. Hoy por hoy, en pleno siglo XXI, se puede decir que la “salud del flamenco” está enriquecida, energizada,…, más fuerte, más sana.

Conservando las formas ortodoxas, muchos de los “grandes del flamenco” coquetean con diferentes músicas y movimientos de otras culturas, dando lugar a un sinfín de fronteras abiertas al entendimiento.

Tiempo atrás era impensable escuchar flamenco en un saxo o en un cajón. En la actualidad, los sones flamencos emergen de diferentes instrumentos. Deleite imprescindible, para el sentir de más de uno.

Más allá de lo instrumental, ocurre lo mismo: tanto el baile como las letras evolucionan relajadamente, creciendo sin pausa, codo con codo con registros tan exquisitos como el clásico o el contemporáneo; tan enriquecedores como el oriental o el hindú; tan fundamentales, para algunos jóvenes, como el moderno y tan atrevidos como el latino.

Diagnóstico:

El flamenco goza de una longevidad admirable. Es un “viejo bien adaptado” y sano, en los tiempos que corren.

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