El Flamenco de ayer

Los Cafés-Cantantes tuvieron gran influencia en la difusión del flamenco.

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Tierra y Tacón, como ya sabéis, en su afán de profundizar y estudiar todo lo relacionado con las variadas disciplinas dentro del mundo del Flamenco que tanto nos apasiona, se adentra en el flamenco del ayer, en La Edad de Oro del Flamenco, los Cafés-Cantantes, locales de ocio del siglo XIX donde, además de servir bebidas, ofrecían espectáculos de cante, baile y toque flamenco.

Gracias a ellos se popularizó el flamenco llegando a más público, flamenco que hasta entonces sólo se conocía en el ámbito familiar.

Como curiosidad diremos que en uno de esos cafés se inició en Jerez la popular y famosa refraneada “Rita La Cantaora”. Su popularidad quedó acuñada en una frase conocida en España: ”Eso, a Rita la Cantaora”, por su rápida disposición a subirse a un escenario para arrancarse por baile o cante destacando por soleares y estilos festeros como las bulerías.

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Los primeros cafés cantantes comenzaron a implantarse en las principales ciudades de Andalucía y en Madrid a partir del 1846. Uno de los más antiguos cafés cantantes documentados es el que abrió en Sevilla en 1870 el cantaor Silverio Franconnetti, Café Silverio, que pronto se convirtió en punto de referencia como lugar de reunión de lo más granado de este arte: Antonio Chacón, un grande del cante; La Mejorana; Miguel Macaca y su señora La Macaca, de gran belleza y entusiasta de los cantes grandes; Miracielos, gran bailaor de Farrucas, se dice que su apodo artístico era consecuencia de un defecto físico que le impedía bajar la cabeza; Salud “la hija del ciego”, lo mejor, su buena ejecución de pies y que su vestimenta al bailar era de hombre.

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Otro de los Cafés-cantantes más conocido haciéndole la competencia al Café Silverio fue El Burrero (su propietario de dedicaba a la venta de leche de burra, de ahí su sobrenombre artístico), Café de La Marina, Café de las Triperas, Teatro Suizo,…, lo que parece evidente es que el Flamenco ha sido y es parte importantísima de la cultura de todos los tiempos, evidentemente tanto en el ámbito nacional a partir del siglo XIX con los Cafés Cantantes, como en la actualidad con los Tablaos y shows flamencos que han llegado a culturas tan lejanas como la Asiática.

Muchos artistas viendo venir el declive de los cafés cantantes en España decidieron hacer sus maletas y cruzar al país vecino. París como capital cultural por excelencia organizó eventos flamencos de cante y baile para la Exposición Universal de 1889, y contrató para estos eventos a doscientas bailarinas y bailaoras españolas todas ellas ataviadas con trajes pintorescos (largas faldas, mantones, moño y flores en el pelo). Bailaron el fandango, el tango, el vito, la jota, o sea bailes folclóricos regionales españoles conocidos, pero también otros, como las alegrías, ignorados hasta entonces por los espectadores galos. Un éxito notable cosechó la bailaora Juana La Macarrona que además de triunfar en España embelesó al público francés quedando rendido a sus pies.

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La pregunta que nos hacemos es “¿Y por qué son tan importantes los Cafés cantantes en la Historia del flamenco?” Pues porque permitieron la profesionalización de los cantantes, además de la definición de los diferentes palos, y la más importante: la “globalización”, ya que se difundió el arte flamenco fuera de Andalucía pasando a un ámbito nacional y al extranjero gracias a La Ópera Flamenca, formato que se prolongó durante dos largas décadas y que convivió con géneros como la zarzuela y la copla. Su existencia facilitó que el flamenco transcendiera al folclore.

Entre 1920 y 1955 los espectáculos flamencos pasaron a ser celebrados en plazas de toros y teatros, bajo el nombre de “Ópera flamenca“. Esta denominación era una estrategia económica de los promotores, pues la ópera sólo tributaba el 3% mientras que los espectáculos de variedades pagaban un 10%. En esta época los espectáculos flamencos se extendieron por toda España y por las principales ciudades del mundo. El gran éxito social y comercial alcanzado por el flamenco en esta época eliminó de los escenarios algunos de los palos más antiguos y sobrios, en favor de aires más ligeros, como las cantiñas, los cantes de ida y vuelta y, sobre todo, los fandangos. La crítica purista atacó esa livianización de los cantes, no entendiendo los puristas que el Flamenco es un arte de mezcolanza, o como se diría ahora de “fusión”, y como tal está abierto a absorber diferentes géneros llevándolos siempre a la esencia del Flamenco, aportándoles arte y sentimiento, dada la gestualidad que siempre ha poseído el Flamenco.

Fue la Edad de Oro de este género, con figuras como Antonio Chacón, Manuel Torre, La Niña de Los Peines, Pepe Marchena y Manolo Caracol. Este último revolucionó el mundo del Flamenco porque fue el primero en acompañarse al cante de una orquesta o un piano.

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Después de este maravilloso recorrido, entendemos que EL FLAMENCO con mayúsculas fuese nombrado “Patrimonio Cultural Inmaterial de La Humanidad”.

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